
Cuando el camino mira al norte
Al salir de la ciudad, el paisaje cambia poco a poco: los campos dejan paso a gargantas y crestas que parecen ocupar todo el cielo. Esta ruta invita a la paciencia.
Los mejores momentos no siempre están señalados: una parada para probar pan caliente, un claro entre las nubes o una curva silenciosa pueden convertirse en los recuerdos del viaje. En la montaña, la flexibilidad vale más que un horario perfecto.

